— Si Pierre, debemos hablar.
Así como si nada, volvió su agarre a mí, me llevó por el pasillo hasta la escalera que bajamos con lentitud.
— ¿Te gustaría que hablemos aquí? — Preguntó cuando nos encontrábamos de regreso en la sala.
— De hecho, me gustaría comer algo — Contesté penosa.
Para nada la reacción de Pierre, que enseguida me llevó a la cocina, me sentó en el pequeño comedor delante de la barra y fue a abrir la nevera. «Que sí, eran las cuatro puertas de aluminio delante de n