―Menos mal… Uno menos de qué preocuparme… —bromeó Ricardo.
―En general, no deberías preocuparte por nadie… —respondí de forma asertiva. —¿Qué no te das cuenta que nadie se fijaría en mí? Solo tú lo hiciste, yo creo porque estás loco o mal de los ojos, pero ninguna persona me encontraría atractiva…
―¿Qué te he dicho de cómo te expresas sobre ti misma? Tienes qué hacerme sentir que tengo un “brillante premio” y no una “servilleta sucia…” Desde mañana, quiero que pongas tu mejor cara al mundo… Po