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De todos los currículums que mando a empresas solo recibo una llamada y me pongo mi mejor traje de dos piezas para la entrevista. Me tiro horas para arreglarme y verme decente, más madura y seria de lo que soy. Le mando una foto a mi madre y dice que la enmarcará con la frase: "La primera entrevista de mi hija".

Estoy saliendo dos horas antes de la entrevista solo para ser previsiva y afrontar cualquier imprevisto. Todo tiene que salir bien. Cuando me adentro en la autopista para ir al centro de la ciudad la radio de mi coche empieza a tintinear, lo hace mucho y de un golpe se repara, sin embargo no hay golpe que arregle la chatarra que es.

—No no no no.

Pongo el intermitente y el coche me deja tirada en el arcén. Durante unos minutos en los que entro en pánico no tengo ninguna idea de lo que hacer. Quiero echarme a llorar pero eso me arruinará el maquillaje. ¿Es que tan mala persona he sido en otra vida? Cojo aire y llamo a la grúa que tarda una eternidad en llegar y otra más en llevarme al taller más cercano.

No me lo puedo creer.

El taller es más grande de lo recordaba y tienen más clientes de lo que esperaba de este taller. Josh y Blake tienen que hacer un buen trabajo. Está todo abarrotado de coches y al parecer ahora también venden coches de segunda mano. En la recepción del taller hay un chico muy joven que no debe de tener más de veinte años, nos mira al señor de la grúa y a mi cuando entramos y se lía con algo de papeleo. Yo ya estoy buscando un taxi que me saldrá por un ojo de la cara.

—¿Gina?

Mi dia increíble se ha ido a la m****a y no quiero pagar mi enfado con nadie. Giro el cuello y hago un intento de sonrisa que no me devuelve. A pesar de todo Blake siempre ha sido muy serio, sobre todo delante de otras personas.

—Hola —digo.

—¿Qué haces aquí? —Y por lo que veo, su forma brusca de hablar a las personas no ha cambiado. Aunque a mi nunca me hablaba así.

Señalo mi coche en mitad de su zona de reparo. Tiene algunos golpes y la puntira gris algo descascarillada. Es un desastre, como mi vida.

—Me ha dejado tirada en mitad de la autopista —lloriqueo.

—Ya está tramitado, jefe —le dice el chaval.

Blake asiente pero no lo mira, me mira a mi y mi forma de ir vestida. La charla que tuvimos me hizo sentir tan cómoda con él que si lo recuerdo aún persiste lo mucho que me gustó pasar un rato juntos. Abro la boca pero la cierro al momento, no quiero liar las cosas. Pero...

—¿Te puedo pedir un favor? —le pregunto y junto las manos como una súplica—. Estaba de camino a una entrevista y...

—¿Quieres que te lleve?

Bueno, yo le iba a pedir que me dejara un coche de los de repuesto, pero visto que se ofrece yo asiento con ganas. No tengo tiempo de estar dudando de estas ofertas.

—Por favor... —suplico y lo empiezo a seguir hasta su todoterreno—. Gracias. Menos mal que he salido con tiempo de casa de mi madre, estaba que me tiraba de los pelos. Gracias, en serio.

Su todoterreno huele a él ahora que lo puedo recordar algo mejor. Cierne sus dedos tatuados alrededor del volante y la fluidez de su conducción me relaja un poco. Soy incapaz de mirar por la ventanilla cuando en el silencio encuentro su perfil. Ahora se le marca más el rostro intimidante, con las cejas oscuras fruncidas y una mandíbula dura y afilada. Y todos esos tatuajes...

—Vamos a tener problemas si me sigues mirando así —suelta.

No es una amenaza, implica muchísimo más.

—Me encontré a tu novia el sábado.

—Lo sé. La llevaste a casa.

—Sí. Es buena chica.

—Lo es —dice.

Vale. Hablar de su novia no me gusta mucho y él tampoco hace más hincapié. En su lugar, hablamos de mi entrevista y del echo de que es la primera que tengo en años. Me estanqué en el bar.

—De todas formas dudo que me cojan, no he ejercido nunca y mis prácticas en la universidad fueron hace muchísimo.

—¿Desde cuando tú vas por ahí con ese pensamiento de m****a?

<< Si él supiera >>

—Soy realista, vivir en el mundo de fantasía como lo hacía en el instituto ya no me salva de nada. No soy la misma de antes.

—Ya lo veo.

Cuando sus ojos encuentran los míos el corazón me da un parón tan bruto que duele. ¿Por qué no he sido capaz de olvidar esto? << M****a >>

—Tú tampoco eres el mismo —digo—. Mírate, con una carrera universitaria, un negocio... Y los tatuajes. ¿Sigues pensando en tatuarte hasta las cejas?

Verlo sonreír me pone la piel de gallina. Me obligo a dejar de mirarlo tanto y centrarme en el GPS y los catorce minutos que nos quedan para llegar.

—De momento estoy bien, me voy a quedar así.

—Te quedan bien —admito, un poco más y casi le recuerdo lo guapo que me parece.

Doce minutos nos quedan y cuando el tiempo disminuye a diez, empiezo a arañarme las manos con nervios. He buscado reseñas, cuando vale el capital de la empresa, el número de empleados y sucursales por el país... Es buena empresa y yo necesito sacar esta entrevista adelante.

Encuentra un sitio para aparcar cerca del edificio de la empresa y de repente siento su mano en mi pierna; la chispa que me recorre el cuerpo es tan grande que sé que él lo siente de la misma forma. Los dos nos miramos como su un hilo invisible tirara de ambos y el coche con las ventanillas subidas se carga de un ambiente pesado con el que me cuesta respirar. Me saca su mano de encima y la pone en el volante, deja de mirarme y se le tensa el cuerpo entero. No debería molestarme tanto su actitud repentina tan fría. Yo ya sé como es, creo.

—Ummm... —me quito el cinturón de seguridad y agarro el tirador de la puerta—. Gracias por traerme.

Da un asentimiento de cabeza y yo salgo del coche.

Me toca esperar a que dos personas hagan la entrevista antes que yo, pero dentro de mis nervios y de mis dudas por mi falta de experiencia, considero que lo hago bien y que haber esperado me ha quitado un poco las inseguridades. Además, el echo de que la mujer que me entrevista sea super agradable ha mejorado mucho las cosas.

Me gustaría compartir lo bien que me ha ido con alguien, pero las chicas no salen de trabajar hasta por la tarde y mi madre cuando llega a casa del trabajo y comprueba que estoy bien, se encierra a hablar por teléfono con alguien. De todas formas, como tengo que buscar una forma de volver a casa de mi madre, planeo el tomarme un café en alguna parte primero.

Empujo la puerta del edificio para salir, de repente ya no hay tantas nubes, el sol resplandece más y se me han olvidado mis problemas.

—¿A dónde crees que vas?

¡Joder! Del susto casi se me cae el teléfono.

—¡Joder! Blake, ¿que haces aquí?

Sigue fumando apoyado en su coche con una pose de chico malo que por poco me moja las bragas. ¿Por qué tiene que ser tan condenadamente atractivo? ¿Por qué no he dejado de pensar en él?

—Esperarte, no tienes como volver —ni siquiera su tono frío puede quitarme el ánimo. Bueno, un poco sí que lo hace.

—Pues... gracias.

Nos montamos de nuevo en su coche y ante el silencio que se forma yo no soy capaz de contener mi experiencia en la entrevista, aunque no sé si me está escuchando o si soy solo una voz de fondo mientras conduce, como la radio.

—Esto te está pareciendo raro, ¿no? El que yo haya vuelto. —digo.

Por fin me mira y que lo haga me gusta más de lo que debería. << Por Dios Gina, tiene novia, ya no es tuyo >>

—Es jodidamente raro —admite—. Es igual que tú, la has visto. Todo el mundo lo sabe.

Yo no he tocado ese tema, de echo lo hemos pasado muy por encima.

—Es tu gusto personal. Yo no estoy hablando de eso, es que estás... raro.

¿Qué quiere que le diga? ¿Que su novia es un clon mío? Eso no cambiará nada porque yo no he venido a entrometerme ni a recuperarlo. Y llevan tres años juntos, se tienen que querer.

—¿A ti no te parece raro?

Sí, un poco.

—¿Volver a verte? Un poco. No dejo de comparar las cosas con como eran antes.

—¿Crees que todo estaba mejor antes?

—Era diferente. Yo me fui, tú no podías seguirme... Aceptamos las consecuencias de separarnos y muchas veces pensé que debí haberme quedado.

Sí, sobre todo estos últimos años. Quizás si hubiera vuelto tras la universidad ahora otro gallo cantaría. No hubiera conocido a Danny y mi vida no se habría desmoronado tanto. No lo sé. Ya no quiero pensar tanto en lo que habría sido, no sirve de nada. La realidad es esta.

—Debiste quedarte —afirma y yo lo reafirmo asistiendo—. O no dejar de hablarme.

—Tú también lo hiciste. Y ni siquiera sé por qué pasó, solo pasó y ya. Han pasado muchísimos años, Blake, ya no importa lo que hiciéramos. Y tú estás bien, te va todo genial, eso es lo importante.

—Gina... —musita, pero ya hemos llegado a casa de mi madre y no quiero hablar más de esto.

No quiero que me duela recordar lo que éramos, lo he hecho constantemente y por buscar algo mínimamente parecido me jodí a vida. Ahora él está feliz, tiene novia, trabajo y es independiente. Yo solo necesito un trabajo para empezar a salir adelante. No pienso volver a estancarme.

—Ya nos veremos, Blake —me despido y en un acto completamente irracional le doy un beso en la mejilla antes de salir huyendo.

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