Al escuchar aquella noticia, toda calentura pasó a un segundo plano.
Nos pusimos veloces como un rayo las ropas que nos habíamos logrado quitar, y antes de partir al exterior, aquel estúpido chico me plantó un dulce beso en los labios, sacándome una sonrisa ante sus acciones tiernas.
Caminé apresurada con Jack pisándome los talones en dirección a la sala de urgencias, en donde al llegar, me encontré con aquella niña sin color en el rostro.
Estaba tendida en una camilla, con Victoria tomándola