Habíamos terminado yendo todos juntos a comer en un restaurante a varias cuadras del hospital, dado que Lucila no había probado bocado desde Dios sabría cuándo.
Cody la llevó entre sus brazos para que no hiciera más esfuerzo del necesario, ambos por todo el trayecto hablaron de lo que les gustaba y lo que no, coincidiendo misteriosamente en algunas cosas.
En ocasiones, podía notar que la niña se reía con sus bromas pésimas, encantada quizás con su belleza y su espontánea personalidad.
Al llegar