Gracias al cielo no tuve que volver a verle la cara por el resto de mi día, ni mucho menos hizo el intento de aparecer frente a mí de nuevo sólo para sacarme de mis casillas.
Estaba segura de que sus amenazas no eran más que palabras, dada mi perfecta actuación, podía poner las manos al fuego y jurar que se mantendría alejado quizás por el resto de su vida.
Un poco agotada con todo mi ajetreado día, terminé quedándome a dormir en las residencias del hospital, las cuales quedaban en el edificio