Eso era lo que había dicho una y otra vez, no obstante, ese tonto chico estaba allí sonriente con su victoria, sentado junto a mí en el bus en el lado de la ventana, mientras yo tenía que conformarme con la silla que daba para el pasillo, sintiendo cómo la gente me ponía su trasero en la cara al pasar, y me golpeaban más de una vez.
Respiré profundamente, intentando con todas mis fuerzas no enfadarme conmigo misma ante lo débil que era con Jack o quizás era su forma de conseguir las cosas a co