Acordamos vernos después de que terminara de trabajar, lo cual fue bien entrada la noche ese mismo día.
Intenté arreglarme un tanto la ropa y acomodarme acorde a la ocasión con lo que tenía en un casillero guardado en casos de emergencia.
Me quedé viéndome un buen rato en el espejo del baño, arreglando mi cabello desordenado, lavé mi rostro por enésima vez con el agua helada, tratando con todas mis fuerzas calmar mis nervios. No era de maquillarme mucho, pero tampoco podía ir pálida como una