Precisamente él...
Anastasia.
Intenté apartarme, pero mis manos no respondieron. Su pecho, subía y bajaba contra el mío, y de alguna manera, eso logró calmarme, al menos lo suficiente como para entender que era una locura que estuviera justo allí, que me había encontrado y…
—Suéltame —susurré, con voz rota.
Precisamente él...
—Tranquila… —dijo contra mi cabello—. Ya pasó. Estoy aquí.
Cerré los ojos con fuerza.
Esa voz… Ese tono. Era el mismo que usaba cuando intentaba hacerme ver que todo el daño que me hacía era