Mundo de ficçãoIniciar sessãoIsabela
Unas horas después ahí estábamos, sentados juntos, rumbo a nuestro siguiente destino. Omitiendo todas las palabras porque nuestros padres estaban en los asientos de al lado. Eduardo no dijo nada, a penas cruzamos miradas y en la única mirada que pudimos coincidir; sus ojos mostraban dudas, aunque quizás era remordimiento, yo también lo sentía.
Durante el recorrido solo pedía a Dios que el tiempo pasara rápido, pero esas cuatro horas fueron agonía






