—Tu señor no es más que un cobarde—. Los tomo a los del cuello y lo alzó. —Es hora de acabar con sus malditas existencia—. Con mis garras corto su cuello.
Sus cabezas se desprenden de sus cuerpos.
—Pensé que llevarías prisioneros—. Miro a Gadreel. —Eso quiere decir que no, controla tu demonio—.
—Lo hago, pero aún tengo sed de sangre—. La que habla es mi parte demonio.
—Vamos igual estos no saben nada—. Me desplazo siguiendo el olor de Darían.
Narra Darían.
No es fácil dirigir una manada tan pod