Damien se sobresaltó al escuchar la voz de su padre, pero luego recuperó la compostura y, tras hacer una leve reverencia, saludó fríamente.
—Buen día, padre.
Ralph frunció el ceño ante la actitud extraña de su hijo y volvió a preguntar.
—No me has respondido, ¿qué buscas aquí?
Decidido a descubrir su origen, Damien comenzó a acercarse y respondió sin rodeos.
—La verdad.
—¿Verdad? ¿A qué te refieres? —cuestionó el señor Chevalier, sintiéndose incómodo con el aura que desprendía su vástago.