Un agudo dolor en la cabeza despertó a Azabach, que lentamente abrió los ojos para comprobar dónde se encontraba. Cuando vio el techo de lo que parecía ser cueva, se levantó rápidamente, pero notó que sus muñecas y tobillos estaban amarrados.
—¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? —murmuró confundida.
De ponto escuchó una voz ronca, bastante familiar, respondió a su pregunta.
—Finalmente, despertaste, ¿cómo te sientes? —preguntó Damien fríamente.
—¡Maldito! ¿Qué me hiciste? ¿Qué le pasó a mi camión? ¡Res