–¿Qué fue eso?– preguntó John atónito antes de entrar a su casa.
–¿un beso, tal vez?– respondí entre confusa e irónica.
–muy graciosita, tienes mucho que explicarme–
Y con esa reclamación por su parte emprendimos camino a la entrada de la casa pasando por su jardín, el cual se veía tan vivo que parecía de mentira. Los arbustos tenían tantas flores exclusivas y hermosas que eran irreales y el anillo de seguridad ni se diga, parece como si hubiese doblado la cantidad de seguridad de su casa rayos