Alejandro
–oh mi Dios– se estaba desplomando, su mirada lucía totalmente perdida era como si...
–¿muñeca? No por favor, no vayas a desmayarte– dije casi suplicando que no se desvaneciera por completo, pero antes de que terminara de hablar en cuestión de algunos segundos vi cómo se desplomó en mis brazos, se veía tan frágil y su piel estaba más pálida de lo normal. No me perdonaría que algo le pase, seguía sosteniéndola como podía, intente detener la sangre de la herida con mi camisa y poder ll