Mariana Carbajal
El cuero cruje seco bajo mi puño. Un golpe. Luego otro.
El sudor se acumula en mi rostro mientras los latidos de mi corazón se aceleran, desbocados. El saco rebota con violencia, devolviéndome cada impacto, como si también descargara su furia contra mí. En cada puñetazo libero un poco del estrés que me carcome por dentro.
—¿Quién te hizo enojar, cariño? —murmura la mujer responsable de entrenarme desde que tenía seis años.
Suelto un suspiro y me detengo, intentando recup