Mariana Carbajal
Espero en una pequeña cafetería cerca del departamento de Catalina, con una taza de café que ya se ha enfriado entre mis manos. Mi mirada permanece fija más allá de la ventana, donde la tarde se desliza lentamente por la calle.
La gente pasa de un lado a otro con prisa, hablando, riendo, viviendo… como si el mundo no supiera que dentro de mi pecho todo parece suspendido en un silencio extraño.
El vidrio empañado refleja apenas mi rostro. Me observo sin realmente verme, perdida