Antonella soltó un quejido al sentir un dolor agudo. Lentamente, levantó una mano y se tocó la cabeza. Notó algo húmedo deslizándose hacia abajo y, al bajar la mano, vio con horror que era sangre.
—¿Estás bien? —preguntó Laura, con la voz teñida de preocupación.
Antonella se giró hacia ella y tardó un segundo más de lo habitual en responder. Era como si todo transcurriera en cámara lenta.
—Recibí un fuerte golpe en la cabeza, pero creo que sobreviviré —dijo, tratando de aligerar la tensión—. ¿Q