—No quiero que renuncies —dijo Antonella y esperó alguna reacción de Leo. Quizás un suspiro de alivio al no tener que decirle adiós a su trabajo, pero eso no sucedió. El continuó impasible. Antonella entendió que había hablado muy en serio cuando se ofreció a renunciar—. Dudo que alguna vez me acostumbre a la idea de saber que corres peligro cada vez que sales en una misión. Probablemente contaré cada día que pases fuera y esperaré ansiosa a que regreses a mí con vida.
—¿Eso significa que no te