Denise se sentía desfallecer. El día anterior había sido una completa locura y era una suerte que hubiese logrado conciliar el sueño por más de una hora durante el velatorio de su madre, ya que el jetlag y el estrés vivido durante los últimos días comenzaba a hacer mella en su cuerpo.
Tras salir de la comisaría, y de camino al departamento de Amelia, había llamado a la funeraria que la mujer había contratado, dejando todo en orden para que retiraran el cadáver, una vez ella pasara por la morgue