Liam estaba decidido a hacerlo. No podía dejarla sola y no lo haría. Siempre, o casi siempre ―cuando no se había comportado como un estúpido―, había estado allí para ella y ese momento no sería la excepción. Tendría que postergar varios asuntos de trabajo, pero no le importaba. Todo valía la pena si se trataba de Denise. Por suerte, no tenía que entregar ningún encargo urgente, salvo el de Michael McCord, el cual podía realizar esa misma mañana, sin ningún problema. Por lo demás, la mayoría de