—No importa.
Le acaricié la mejilla a Carlos y, con algo de cansancio, le pregunté: —¿Dónde dormirás hoy?
En cuanto terminé la frase, me sorprendí a mí misma; sonaba como si le estuviera preguntando si esta noche dormiría conmigo o con Sara.
No pude evitar soltar una risa, mientras que el rostro de Carlos se oscurecía visiblemente.
Sus ojos negros, fríos y silenciosos, me miraron durante un largo momento antes de hablar, con un tono cansado y casi incrédulo: —Dices que no importa, pero no qu