No sé si fue por esa taza de medicina, pero esta noche Carlos estaba especialmente ansioso. Usé toda mi fuerza para resistir, y finalmente terminó con un puñetazo en su mandíbula.
Carlos se sujetó la mandíbula, muy enfadado, y dijo: —¿Lo hiciste a propósito?
Juro que no fue intencional, pero ya le había golpeado, y él no podía golpearme de vuelta.
Se levantó y me miró con furia injustificada. —No pienses que te volveré a tocar.
En medio de la tensión, un golpe en la puerta interrumpió la cre