Avergonzada, bajé la vista.
Me serené y busqué mi toalla, volviendo a cubrirme. Solo así sentí un poco de seguridad.
Carlos ya estaba en la puerta cuando lo llamé. —¿No tienes miedo de que me vengue de Sara?
Carlos se giró, con una sonrisa fría. —Sra. Díaz, nunca has entendido nada de mí.
Lo miré confundida y él continuó: —Cuando un gato atrapa a un ratón, primero juega con él. ¿Alguna vez has visto a un gato temer enojar a un ratón?
—Sra. Díaz, estoy esperando que vengas a suplicarme.
Dic