Sabía que Carlos no era fácil de engañar, así que lo primero que hice al bajar del avión fue encender el teléfono.
Como era de esperar, me envió varios mensajes.
Cuando una persona pasa mucho tiempo con otra, hasta su forma de hablar empieza a parecerse a la de la otra.
—¿Por qué tan de repente?
—¿Cuánto tiempo te vas? ¿Un día y una noche o solo un día? ¿No puedes irte?
—¿Por qué no respondes?
—¿Cuánto falta para que aterrice el avión?
De repente me sentí mareada, así que decidí devolverl