Carlos no regresó al dormitorio por un buen rato, y naturalmente no lo busqué. Estaba con la mente llena de pensamientos complicados y no podía conciliar el sueño.
Pasaron más de tres horas, y cuando ya casi amanecía, de repente escuché un estruendo en la casa.
Instintivamente, me levanté de la cama.
Carlos, después de todo, estaba enfermo, y el sonido parecía el de algo cayendo al suelo. Pensé que tal vez había tirado algo. Corrí tambaleando hacia el sonido, llamando su nombre.
No me respon