Mis manos temblaron ligeramente a mi lado, y una punzada repentina de dolor se propagó desde mi vientre bajo.
—¿Qué te parece, Olivia? ¿Sorprendida? ¿Impactada? ¿De verdad creías que mi hermano me iba a abandonar? —La voz de Sara, cargada de una satisfacción maliciosa, resonaba como un eco desagradable en mis oídos, haciendo que cada fibra de mi cuerpo se rebelara contra ella.
Sin embargo, los rostros bondadosos y llenos de esperanza de los ancianos Díaz me observaban desde la distancia, inmov