Mi muñeca fue atrapada por Néstor con fuerza, y aunque intenté zafarme, su agarre era firme.
—¿Me vas a pegar? —preguntó, con una mezcla de desafío y burla en su voz.
—No quiero hablar contigo. ¡Suéltame y sal de aquí! —le respondí con enojo.
—¡Esta es mi casa!
—Entonces quítate, me voy yo.
Néstor soltó una carcajada amarga.
—¡Qué cruel eres!
Antes de que pudiera reaccionar, tiró de mi brazo y de repente me empujó hacia la cama.
—Olivia, hoy me da igual todo. Prefiero que me odies toda t