De repente, sentí que todo a mi alrededor se oscurecía. Con un dolor punzante en las sienes, como si una aguja plateada las atravesara, apoyé mi cabeza contra la lápida, intentando recuperar la compostura mientras recuerdos olvidados lentamente emergían.
Carmen. Ahora entendía por qué me resultaba tan familiar, por qué sentía que ya la había visto antes.
Carlos siempre había sido apuesto y provenía de una familia acomodada. Durante toda su vida, había tenido innumerables pretendientes, tantos