—Bueno, quién sabe. Ahora tengo que seguir trabajando, Nueve. Cerra la cortina, que vamos a arreglar el Di
Telia este que lo van a venir a buscar a la tarde.
Nueve era el único del barrio que conocía el secreto de
la eficacia mecánica de don Eleazar. El hombre colocó sus
ollas alrededor del auto y empezó a danzar en el taller,
mientras recitaba los conjuros de los nativos de Sierra
Leona. Con la práctica, había descubierto que la danza
La carpintería seguía cerrada. Eran más de las once y
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