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Ahora son casi las ocho y, dentro de poco, en la sala del dormitorio, se apagarán las luces. Los
niños están poniéndose sus pijamas descoloridos, que tienen siempre las mangas demasiado
cortas o demasiado largas, y que –con los años– han pasado de mano en mano, de remendadora en
remendadora.
Berta neni les da un beso a todos en la frente y se retira en su cuartito, feliz de que los niños
hayan pasado un día inolvidable.
«Es increíble la de veces que la felicidad puede reinar en un sitio c