Sebastián se apareció en mi casa muy temprano, trayéndome un ramo de flores y una caja de chocolates. Reía largo y estaba lindo con sus pelos revueltos, la camisa abierta donde emergían sus grandes bíceps y formidables músculos. Brillaban sus ojos y su fragancia me envolvió como una caricia que me estremeció por completa. Una fortísima descarga eléctrica me recorrió entonces por todo mi cuerpo. Apenas lo vi, tan hermoso, me excité y sentí las llamas alzándose en mis entrañas.
-¿Qué haces aqu