Capítulo 34

Por la tarde, justo cuando terminábamos de editar los videos, me llamó Palacios, el jefe de la policía. -¿Podría venir a la comandancia, ahorita mismo, señorita Pölöskei? Creo que hemos encontrado algo-, me dijo en tono enigmático. Sentí rayos y truenos reventando en mi cabeza y me emocioné mucho. Apreté los dientes y mi corazón se volvió un potro desbocado rebotando descontrolado en las paredes de mi busto. Miré a Alondra. -Creo que ya tienen al asesino de Rudolph-, le dije haciendo brillar
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