Sebastián Dougi era uno de los modelos contratados por Alondra y que nos esperaban en el mall. Estaba hermoso, ese día, con sus pelos revueltos, la barbita crecida y sus brazos grandes como troncos que me enervaban y desataban, de inmediato, mis cascadas. Me encantó, en realidad, verlo tan apetitoso, besable y acariciable. Me dio un besote que me estremeció por completo. Sus manos se deslizaron por mis brazos, disfrutando de la lozanía de mi piel.
-Qué bella estás, Patricia-, me dijo embria