Ahora sí recordaba a Catalina, claro. La conocí el día de nuestra boda, en la recepción, sí, ya me acordaba, pero no me dijo que era Catalina. -Ella es Cata, mi mejor amiga-, me la presentó Rudolph. Ella era espléndida, rubia, hermosa y con una figura de sirena que me daba envidia. -¿Has venido sola?-, le pregunté ya bastante ebria de tanto brindis con champán.
-Ay, mi marido está de viaje en Singapur con mi hija, por unos areneros que ha fabricado su empresa-, me contó divertida, haciendo