86. Todo es culpa mía, todo pasó por mi culpa.
Ravel no pudo responder, se echó a llorar como un niño, ante la felicidad que podía palparse en sus descendientes, ante su propia felicidad, por fin lo conseguía, por fin se rompía la maldición y él pronto podría obtener lo que siempre había deseado.
Pero Gregory se asustó, ver a un hombre como Ravel arrodillado, llevándose las manos a la cara mientras lloraba desconsolado, era una imagen realmente sorprendente.
— Ravel cariño — dijo el cazador yendo rápidamente a abrazar al brujo para intentar