30. Ya no hay nada que pueda alejarnos.
Pero eso no importaba, no en ese momento que las caderas Bleid se bamboleaban impactando en el centro mismo de la joven, ahora su único miedo era ser él mismo el causante de su muerte y eso sería… No, él no quería pensar en eso, no en ese preciso momento que sus cuerpos parecían dos imanes atrayendo, una y otra vez, mientras sus cuerpos sudados, se frotaban uno contra otro, precipitando a ambos al vacío.
— ¡Bleid!— Gimió Audrey al sentir como se precipitaba, como era imposible frenar la forma e