El sonido de la lluvia golpeando suavemente el parabrisas era el único que acompañaba el suspiro entrecortado de Ava. Había conducido sin pensar, sin un rumbo claro, sin saber si sus lágrimas eran por su madre, por la humillación de Helena o por la devastadora posibilidad de que su mundo estuviera a punto de colapsar. Al llegar a la casa de Ethan, el lugar que hasta hacía unos minutos aún consideraba su refugio, no se atrevió a bajar del auto.
Allí sentada, mirando la puerta principal como si d