El trayecto en auto fue tenso.
Ava permanecía en silencio, con la mirada fija en la ventanilla. A pesar de que se había secado las lágrimas, sus manos seguían temblando sobre su regazo.
Ethan, al volante, la observaba de reojo. Detestaba verla así tan derrotada. Pero no dijo nada. No era de los que ofrecían palabras de consuelo. No cuando la realidad era demasiado cruel para disfrazarla con falsos ánimos.
Adrián, sentado en el asiento trasero, jugueteaba con un muñeco de acción, completamente a