55. Tiene derecho a su privacidad.
La mansión de Asad era imponente. Sus torres parecían tocar el cielo y sus ventanales brillaban bajo el sol. Era como un castillo de cuento de hadas, pero con un aire de misterio que lo rodeaba todo.
Amir e Irina se miraron a los ojos. Sus corazones latían con fuerza, como si estuvieran a punto de salir de sus pechos. Se querían desde hacía mucho tiempo, pero habían tenido que luchar por su amor y separarse durante varios años para que fuera posible. Ahora, por fin, se habían casado haciendo pú