—¡El placer es para nosotros, Miranda! —me saluda el señor Theodor con un beso en la mejilla. —Cuando mi hijo me dijo que se reuniría contigo, insistí en venir para pedirle disculpas de antemano, pero sé que mi hijo te ayudará en todo lo que necesites para tu tesis. —dice, dándole una palmada por la espalda a Theo.
—Sí, en eso ya hemos quedado. —digo en forma de broma.
—Sí, un poco mano dura la niña. —me sigue el juego.
Ella seguía en silencio, solo me veía, intentaba disimular y mezclarse en n