Que eres mía!

La cena continúo entre risas y copas de vino tinto. La cena era exquisita, y el postre se ganó la noche ese volcán de chocolate y almendras con sabor a su boca sin duda fue lo mejor.

Y a la hora de irnos a casa se había acercado el manejaba con una mano al volante y la otra reposaba en mi muslo apretándolo cada vez más arriba.

Y por momentos fijaba sus ojos en los míos, se miraba tan apuesto. Que no podía dejar de verlo

Al llegar a la mansión nos dirigimos directamente a la habitación , y nos turnamos para darnos una ducha, estaba sentada en mi tocador cuando por el espejo veo como sale con una toalla envuelta en su cintura, sentí que un calor sofocante me recorrió de pies a cabeza.

Mateo al darse cuenta que no podía dejar de ver su cuerpo, pude mirar esa pequeña sonrisa coqueta mostrando ligeramente sus dientes blancos y limpios.

Mateo

Te gusta lo que ves nena?

Estaba a punto de pararme de mi silla cuando el puso las manos en mis hombros dando un ligero masaje en ellos, y con esos
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