Polo agitó las llaves en su mano: —Te recojo mañana, adiós.
—Adiós.
Lorena despedió al hombre y regresó a su despacho.
De repente sonó el teléfono, un número desconocido.
Arrugó las cejas y lo cogió cuando sonó la voz grave y retumbante de Juan:
—Lorena, ¿lo hablamos y cenamos mañana por la noche?
El tono de Lorena era frío y decidido:
—No estoy disponible.
A continuación, colgó y borró el número.
¡Estaba loco!
No tardó mucho.
Javier llamó a la puerta:
—Señorita Suárez, el entretenimiento para e