—Aunque nunca he cocinado, confío en mi talento, la hice según la receta, no se me he equivocado ni un solo paso, debe estar deliciosa, no la he probado, ¡la he dejado toda para ti!
La criada se sonrojó extrañamente de soslayo, incapaz de hablar.
Lorena se sorprendió aún más al mirarle, exclamando por su ciega confianza.
Frunció los labios y habló con una sonrisa: —Pruébala tú. La preparaste con esfuerzos, ¿cómo voy a ser la única que la disfrute?
—Es justo compartir la cosa buena.
Juan miró con