Parecía una fuga accidental de un estado de ánimo reprimido durante mucho tiempo en los ojos.
Lorena frunció los labios y explicó: —¿Qué dices? Profesor Urso, eres mi amigo.
—¿Llamas a tus amigos de forma tan oficial?
Urso arrugó el entrecejo y la miró, al parecer sin intención de pasarlo tan fácilmente.
«Profesor Urso... ¡Qué educado!»
Lorena frunció los labios y dijo: —Si no, ¿me llamas "profesora Lorena"?
Urso se puso ligeramente rígido y no pudo evitar reírse.
—¿Todavía tienes ese sueño?
—No