Al verlos hablar y reír, se acercó.
—Perdonen, Omar cuidando de ustedes es algo dulce, ¿no?
Había llamado a Omar a propósito para que trajera a Lorena a jugar.
Y había cosas que no podía decir, pero que podía decirlo Omar.
Omar no pudo evitar darle una palmada en el pecho.
—Urso, ¿no te sientes tranquilo dejándomelo a mí? Las llevé a dar una vuelta, y las dos se volvieron locas de alegría, ¡la próxima vez que haya algo así, me seguirás buscando!
—¡No!
—¡No!
Elena y Lorena hablaron al unísono.
El