Las palabras estallaron enseguida como un rayo.
Valentina golpeó la pulsera con tanta fuerza que se hizo polvo.
Fue como clavar un pilar de vergüenza en el cuerpo de Claudia para toda la eternidad.
Claudia tenía la cara pálida y temblorosa, como si estuviera a punto de perder el equilibrio.
Aquellos reporteros filmaban frenéticamente y el flash era extraordinariamente brillante.
Se la llevaron.
Estaba aún más en pie de guerra en el internet, y Claudia era acabada.
—¡Ella es la verdadera mezquina