Mundo ficciónIniciar sesiónSentí la cara roja de vergüenza cuando escuché a esa estúpida llamándome cerdito, por menos de eso en el orfanato le hubiera arrancado los cabellos a cualquiera. Intenté controlarme, pero su risa burlona me ofuscó el cerebro y me paré de la silla. Tomé el vaso de refresco para vaciarlo en su cara.
—No le hagas caso Amelia, debe tener agua en el cerebro porque es lo único que consume para no engordar y sus neurona







