María López
Me quedé mirando el cursor que parpadeaba en la pantalla de mi teléfono, con la cabeza latiéndome con fuerza. Entre el hospital, el accidente y el caos en casa, mi cerebro se sentía como un ovillo de lana enredado. Suspiré mientras recorría mis contactos, tratando de organizar al personal para la inauguración.
—Espera —susurré a la habitación vacía, frunciendo el ceño—. Isabella.
Llevaba horas llamándola Alexandria en mi cabeza. Isabella era la pobre chica de *Loose Convenience*, a