Perspectiva: María Martínez López
La luz del sol que entraba a través de las ventanas de nuestra nueva oficina en la ciudad se sentía distinta hoy. No era la luz dura y sentenciosa de una sala de justicia, ni la luz vacilante y cansada de una cocina que solo intentaba sobrevivir. Era la luz clara y constante de un negocio que finalmente funcionaba bajo sus propios términos.
Estaba sentada en mi silla, revisando los planos arquitectónicos finales de la cocina de Madrid, cuando la puerta se abrió